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Cumbiambero no fui y mi vida se va acabando

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Antes de los trece años experimenté mi primer “tono” casero. Pasé de Parchis a Maniac y de las fiestas vigiladas por la madre de cualquiera del grupo, para cambiarlas por una sala despejada. La mayoría de mi gallada eran quinceañeros: “los malcriados”, les decían, porque eran malcriadisisisisísimos por donde se les viera, pero que tiempo después fuimos conocidos como los Cheis; y yo, con apenas trece años, los seguía a diario sin conocer el rumbo definido. Aquella mañana, en mancha, como tantas veces lo hicimos rumbo a una bronca cualquiera para dizque defender el territorio o subsanar alguna humillación con sabor a pretexto, entramos a la tienda del chino Carmelo, en la Junín. Yo no sabía ni preguntaba para qué llevaban una caja de pasta de dientes. Lo único que había escuchado era que tenía que ser de la Closeup y no de la Kolinos que compraba mi madre. La cosa que de la tienda del chino Carmelo salimos con un disco de vinilo. Yo me quedé volando: “¿Una caja de dentífrico por un disc...

Fragmento de "El príncipe del rectángulo"

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"Y de veras se puso feo esta vez", pensó Martín Collazos, El cielo oscuro sonaba con insistencia. Se levantó del diván, se colocó sus zapatillas sin medias y caminó hasta la puerta: la bulla iba en aumento. Eran golpes fuertes que repercutían en medio de la tormenta. Había anunciado de a pocos el norte fuerte; pero había crecido rápido. Miró desde su ventana hacia la playa y la lluvia desdibujaba la bahía. Una cortina de gotas impedía la perfecta visión. Alrededor del cerro la vista siempre es prodigiosa, pero esta vez se esfuerza para echar una mirada a la flota fondeada. El viento, cuando aumenta, las invita a bailar a su ritmo. Acurrucado en el camarote de la pequeña cabina, a centímetros del piso y techo de la bodega, Pedro Collazos se despierta a tiempo. Los cabos se han reventado, se han deshilachados. Con el corazón inservible yacen inertes besando la madera de la proa. Logra encender en primera instancia, como nunca lo hace. “Estoy de suerte”, piensa y ron...

LOS MISERABLES

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En el puerto de Paita se ha puesto de moda la palabra MISERABLE, así, con mayúsculas y en voz alta. La gente la repite a cada rato. Es un dardo, una cachetada y un llamado a la conciencia. “Miserable”, lo dijo en voz alta el alcalde de Paita don Pedro Cuadros Alzamora, cuando un grupo de ciudadanos asistimos a una marcha en contra de su gestión, en ese momento, llena de juergas y parafernalias mientras once paiteños eran asesinados en sus narices. En aquella marcha, fueron los propios deudos los que asistieron con las fotografías de sus familiares. Marchaban los hijos, las esposas, los abuelos y hasta los vecinos. Todos indignados ante una autoridad que ignoraba lo que estaba sucediendo y prefería bailar en escenarios, contratando orquestas y demás artistas de otras provincias y hasta en su discoteca favorita llena de etiquetas azules. Sí, el jefe de seguridad Ciudadana y del COPROSEC hacía caso omiso a los reclamos de la ciudadanía que, preocupada por la situación, no le quedó otra co...

Pido permiso para cambiar mis prioridades

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Por Ricardo Espinoza Rumiche Nunca he querido ser como la mayoría, porque no me siento de la mayoría. Soy raro, rarísimo, tanto que hasta a mí me cuesta aceptarlo. En mi adolescencia no me gustaba estar entre la multitud, me asfixiaba, me aburría tanta compañía. Yo era un solitario empedernido. Después de la secundaria, sin decirle a nadie, tenía en mente estudiar para ser un sacerdote, solo para no tener que ver a nadie, porque de alguien había escuchado que los seminaristas vivían varios años enclaustrados. Me gustaba hablar solo, e imaginaba cosas que solo han podido ser posible en mi cabeza. Esto último es lo único que no ha cambiado en mi vida, porque sigo imaginando, sigo hablando solo, sigo soñando despierto y sigo creyendo que hay mejores cosas que hacer antes que engañar a la gente con minucias; por lo demás, todo ha cambiado en mi vida, porque ya no soy el mismo de antes, y hasta me cuesta creer que he sido ese muchachito que ya no reconozco. Lo que no ha variado es que, los ...

Un postre más para seguir sintiendo, tía Techy

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¿Qué tenían los postres de Teresa Sosa Godos que los encontrábamos tan encantadores en los años ochenta? ¿íbamos en grupo por ellos o era el motivo perfecto para refrescar el cariño que nos regalaba la anfitriona? De niño, como la mayoría de los paiteños ochenteros, me seducían las ganas de consumir los diferentes postres habidos en la época: desde el budín de la bisabuela Teodora Agurto, tan famoso en nuestra familia Rumiche Colona, hasta la Torta helada de la tía Lola Rumiche. Para mi cumpleaños siempre pedía no la torta tradicional, sino la helada de la tía Lola. Un postre deseado reinicia el alma, refresca la tarde y endulza cualquier conversación por más amarga que parezca. Un buen postre -dicen los expertos- es capaz de alterar tu mente y de transportarte a un mayor nivel de felicidad. Todas las noches de veranos, los amigos eternos de la calle Bolívar, reiniciábamos nuestros días en la casa de Teresa Sosa Godos, nuestra tía Techy. Era casi una obligación religiosa transporta...

Un camión se está llevando la casa de la tía Ilia

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Yo lo vi con estos ojos miopes que algún día se los ha de comer la tierra, mis cheis. Un carro enorme de color azul se estaba llevando la casa de nuestra tía Ilia. Lo vi con estos ojos que algún día la vieron llena de vida, de locuras de niños y de toda esa pasión desenfrenada de la adolescencia. El carro que se la llevaba había bloqueado la segunda cuadra de la calle Bolívar para que nadie lo viera y para que nadie dijera: “oigan, salvajes, dejen esa casa en su sitio que tiene historia”. Porque tiene historia, mis cheis, la de la tía Ilia, la de su familia que es como la nuestra y la de nosotros, los eternos invasores, el manchón que se metía a los cuartos y hasta a la cocina, bien orondos y confianzudos. ¡Cuánta paciencia la de la tía Ilia!, educadora las veinticuatro horas del día. Suerte la  nuestra de haber tenido una tía de cariño que se preocupaba de todos. No era una tía biológica, no era un miembro de nuestra familia; la tía Ilia era una amiga mayor que enseñaba, era una v...

Juan Manuel Mendoza Benites, el maestro.

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  Juan Manuel Mendoza Benites   En mi vida he conocido diferentes personajes paiteños gracias a infinidad de conversaciones familiares. Sentarse a la mesa no solo es disfrutar de un almuerzo, sino que, para muchos de nosotros, esas reuniones a diario pueden ser el momento propicio para extraer a nuestros padres el mayor conocimiento posible sobre los personajes y la historia del puerto que nos ha visto crecer. Son muchos los escogidos entre deportistas, artistas y rebeldes naturales que van siempre contra la corriente; sin embargo, y lamentablemente, son pocos los intelectuales con quienes se pueda discutir no acontecimientos del día, sino ideas y propuestas para el mañana. Hablar de Juan Manuel Mendoza es hablar de deporte, de poesía, de arte, de política y hasta de ciencias como la física y la matemática. La educación, para él, es la más clara señal de dignidad. Tiene dos profesiones: agrónomo y Lic. En educación. Ambos títulos de la Universidad Nacional de Piura. “La ...