Un postre más para seguir sintiendo, tía Techy
¿Qué tenían los postres de Teresa Sosa Godos que los encontrábamos tan encantadores en los años ochenta? ¿íbamos en grupo por ellos o era el motivo perfecto para refrescar el cariño que nos regalaba la anfitriona? De niño, como la mayoría de los paiteños ochenteros, me seducían las ganas de consumir los diferentes postres habidos en la época: desde el budín de la bisabuela Teodora Agurto, tan famoso en nuestra familia Rumiche Colona, hasta la Torta helada de la tía Lola Rumiche. Para mi cumpleaños siempre pedía no la torta tradicional, sino la helada de la tía Lola. Un postre deseado reinicia el alma, refresca la tarde y endulza cualquier conversación por más amarga que parezca. Un buen postre -dicen los expertos- es capaz de alterar tu mente y de transportarte a un mayor nivel de felicidad. Todas las noches de veranos, los amigos eternos de la calle Bolívar, reiniciábamos nuestros días en la casa de Teresa Sosa Godos, nuestra tía Techy. Era casi una obligación religiosa transporta...