Artesanos: sabiduría, experiencia y pasión
Por Ricardo Espinoza Rumiche
El tejedor
Edilberto Acaro Barrientos no tiene un número estimado de cuántas esteras ha fabricado en toda su vida. Tiene sesentaicuatro años de edad y trabaja en la esterería desde los diez, cuando su padre le heredó la costumbre que, años después, se convirtiera en pasión. Siempre trabaja descalzo y sentado bajo un árbol enorme a quien, en momentos especiales, ha tildado de familia. No para de tejer ni para conversar. Tiene las manos gruesas como las de un pescador viejo, como las de un mecánico experto. Las manos, dicen, sirven para crear, y por eso la famosa frase “manos a la obra”. En el caso de Edilberto Acaro Barrientos, sus manos reflejan el arduo trabajo que, a diario, han fabricado una incontable suma de esteras que se han vendido en diferentes partes del país. “De aquí no me saca nadie, dice sonriendo, hasta que la muerte nos separe”.
A Edilberto Acaro Barrientos lo conocí un día cualquiera, de casualidad, cuando un habitante de Viviate me señaló la calle por donde debía llegar a la zona donde fabrican escobas. Es el sector conchal, calle Adolfo Trelles, donde lo encontré con dos ayudantes, sus hijos, además de su hermano quien trabaja por su cuenta. “Juntos, pero no revueltos”, dice. Nada de escobas por ese punto encontré, solo a don Edilberto, sentado bajo un enorme algarrobo que, más o menos calcula, tiene la misma edad que él.
Yo no dejaba de observar el inmenso algarrobo. Se veía libre y poderoso, dueño del terreno donde Edilberto Acaro ha trabajado por años. Dicen que el árbol jamás ha sido podado y que de vez en cuando les arroja una enorme rama como queriendo intervenir en la conversa. De los árboles se obtienen frutos y madera, pero Edilberto solo es feliz con la sombra que le brinda aquel viejo algarrobo, además de su compañía.
“Mi trabajo es herencia de mi padre”.
Y lo dice con el orgullo de alguien que se siente útil e importante. Tan importante como para recibir a decenas de estudiantes de otras provincias y distritos que llegan de paseo para conocer su labor ancestral. Para Edilberto, fabricar esteras no es un simple trabajo, sino el arte de tejer una estera; es su vida, es su mundo, es parte de la cultura ancestral del pueblo que lo vio nacer. La estera es una especie de alfombra que también puede convertirse en pared y hasta en techo.
“Yo di la vuelta al mundo en un reportaje”, dice Edilberto sonriendo.
Ese día se reunió la familia entera para ver al patriarca en la pantalla chica. Todo estaba de maravilla, y hasta lo llamaron por teléfono desde Lima, familiares que ya ni se acordaba que existían. Todos querían felicitar al artista famoso que se mostraba seguro y conocedor en la tele, hasta que un amigo lo llamó por teléfono para decirle que por qué se había puesto ese polo verde con el nombre de esa empresa; que debió quitárselo o, en todo caso, cobrar por la propaganda. Pero Edilberto no tenía tiempo para banalidades y no dejó de disfrutar de su popularidad en la pantalla chica. Además, me dice sonriendo, “le tenía mucho cariño a ese polito porque había sido un regalito de mi nuera”.
Cortar el carrizo
Edilberto Acaro Talledo está más que seguro que su trabajo es una obra divina ya que el material aparece de la nada, en la rivera del río Chira y cerca de los canales de regadío de cultivos. Y, como fabricar una estera no solo es tejer, todas las semanas reserva tres días para recoger el material. Lo hace en una moto de carga, que ahora es parte de la modernidad porque antes eran las mulas las que lo acompañaban. Desde las 5:30 am. se dirige al sector de Miraflores, Montelima.
“Ya no es como antes”, nos cuenta Edilberto.
Ahora toda la zona donde recogía el material se ha convertido en cultivos de arroz y tiene que buscarlo con mayor minuciosidad.
Los productores formales, como Edilberto Acaro Talledo, saben que en estos tiempos las lluvias ya son un perjuicio para ellos porque afecta su economía que, después de la pandemia, se viene recuperando de manera lenta.
El Centro Poblado Villa Viviate es considerado la Capital artesanal de la Sub Región Luciano Castillo Colonna, y, a pesar de que ya no se fabrican las cantidades de antaño, todavía se promueve esta actividad artesanal que marca una expresión cultural de esta localidad paiteña.
Las esteras se usan en la construcción de viviendas rústicas y para cercar terrenos en zonas de expansión urbana. Edilberto Acaro Barrientos es feliz cuando observa su trabajo en techos y paredes. Y, mientras más invasiones existan, más trabajo tendrá. Además, agrega, “mis esteras duran hartisisisísimo. Se pueden negrear, pero nunca debilitar”.
Pero nada se compara cuando recibe las visitas de alumnos de otras provincias. Que niños y adolescentes dediquen algo de su tiempo para verlo trabajar unos minutos no se compara con nada. Edilberto siente orgullo de su trabajo tanto que le ha heredado los secretos ancestrales a su segundo nieto, de diez años, que a esta edad ya fabrica tres esteras en una sola jornada.
Cada vez que Edilberto observa una estera cubriendo una casa o un techo, piensa que es de su propiedad, que pasó por sus manos, por su vida y por su tiempo, y recuerda, le es inevitable, aquellas mañanas en las que se sentó por primera vez debajo de aquel enorme algarrobo.
Comentarios
Publicar un comentario